Aspiraciones

Aspiraciones

Aspiro a muchas cosas. Son incontables y la cuenta final arroja un resultado muy preciso. Infinito.

Aspiro a vivir de las novelas que no he publicado en un país donde se editan más de 90.000 títulos al año. Para aspirar a algo así hay que aspirar otras cosas, todas ellas ilegales y demasiado caras como para introducirlas en el ámbito del vicio personal y diario.  Aspiro a leer columnas de periodistas que no me tomen por un gilipollas adicto a sustancias ilegales y demasiado caras, (como las de antes). Aspiro a leer libros de intelectuales que me aporten y me enseñen; o al menos que me hagan dudar de lo que otros sí me enseñaron y aportaron. Digo yo que entre 90.000 títulos al año alguna posibilidad tendré y habrá de encontrar un libro decente a unos 20,00 € con tapa blanda que cubre 180 exiguas páginas de papel encolado y de un gramaje ínfimo e insultante.

Aspiro a tener candidatos presidenciales que se interesen por la cultura y que lo hagan de verdad. Que propongan medidas serias que provoquen e induzcan la necesaria aspiración de cualquier joven de nuestro país a preferir leer y culturizarse, arma eficaz contra la insana costumbre de estar todo el día enganchado a cinco trabajos temporales mal pagados que sufraguen su ya consolidado vicio a aspirar sin medida sustancias ilegales y demasiado caras, (como las de antes y de antes).

Aspiro a que los telediarios emitidos en prime time y en mierda time dediquen el 80% de su tiempo a informar sobre la escalada terrorista machista que está exterminando a las mujeres en nuestro país a una velocidad y cadencia pornográfica. Si así fiera podría aspirar a no ver más documentales costumbristas, zafios, baratos, sencillos, fáciles y oportunistas sobre Venezuela y su influencia en cada paso que da cada español en el camino que le llevará desde el sofá de su casa donde ha aspirado la última sustancia ilegal y demasiado cara, (como las de antes, y antes, y antes), hasta la urna donde depositará sus esperanzas sin esperanza con el hilo mental activado y engrasado que le une a una desconocida Caracas y su relación con un partido político español que podría gobernar en Venezuela no, en España.

Aspiro a que las instrucciones de los casos de corrupción en España no duren más de lo que dura el trayecto desde una casa (común, en una ciudad común y a un precio de alquiler común), hasta la casa (poco común) de un camello de barrio que proporciona sustancias ilegales y demasiado caras, (como las de antes, y antes, y antes, y antes), que curiosamente ayudan al aspirador (común) a tener aspiraciones sencillas y realizables. Porque ese trayecto que recorre el aspirador de sustancias es rápida, eficaz, diligente y compatible con la necesidad de aspirar. Exactamente igual al tiempo que debería llevar la instrucción de un caso de corrupción: un tiempo rápido, eficaz, diligente y compatible con la necesidad de administrar justicia. ¿Es que alguien se imagina a un aspirador de sustancias ilegales y demasiado caras, (como…bueno, ustedes ya saben), recorriendo durante más de 4 años las calles de su barrio hasta lograr entrar en la casa de su camello para poder abastecerse? ¿No? Pues con la instrucción de los casos de corrupción tampoco.

Podría seguir, pero aspiro a no escribir una novela sobre aspiraciones.

Mis aspiraciones son incontables y casi todas ellas imposibles. Pero sigo aspirando.

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