Reseña de la última página de “Falcó”, una novela de Arturo Pérez-Reverte

Y una vez que he conseguido captar su atención….

Una nueva muesca.

Nacho, antes de la próxima reencarnación en botijo cordobés tienes que hacer:

  1. Tener un hijo. (Tengo 4).
  2. Hoyar una cima. (Mulhacén en invierno hace 2 años).
  3. Escalar una pared. (No hay grado V en Patones que se me resista).
  4. Tirarme en paracaídas. (Ocaña. 2011, salto a 4.000 metros. Hay vídeo).
  5. Ver a Coldplay en concierto, (sí, lo sé, puedo explicarlo). (Eso, que puedo explicarlo).
  6. Plantar un árbol. (6 olivos en el Valle de los Pedroches que actualmente gozan de buena salud).
  7. Escribir un libro. (Yo fui el que le dijo que NO a una editorial. Todavía hay tiendas on-line que lo ofrecen y hasta ahí puedo leer).
  8. Irme de cañas con Arturo Pérez-Reverte.
  9. Dejar de fumar.
  10. Jubilarme a los 40. (Ya no me da tiempo…)

Reconozco que la lista la hice cuando ya tenía la mitad de las líneas marcadas en rojo y convenientemente tachadas. Qué quieren…pura motivación, (y funciona).

Al turrón que diría aquel.

Primer acto

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El pasado lunes día 3 me escribe Paloma Castro, (De Alfaguara. O de Penguin. O de Megustaleer. O de todo junto…y no sé cuántas cosas más), y me invita a la lectura de “Falcó”, a comer gratis y a tomar unas cañas con Pérez-Reverte. Respondo a bordo de un AVE Barcelona – Madrid a los dos minutos confirmando mi asistencia. Sólo yo era consciente de lo serio que me pongo con “la lista de cosas que tengo que hacer antes de reencarnarme en botijo cordobés” y además, cuando un autónomo está dispuesto a perder un día de trabajo, (pasta, parné, euros…), por un acto así, algo le debe importar.

De los 6 que acudimos al acto yo era el único sin vínculos literarios. La razón de mi asistencia no puedo descubrirla ahora mismo y la verdad, no tiene ninguna importancia…o sí.

Comienza la lectura. Nos dejan ahí tras firmar acuerdo de confidencialidad en plan: “No me jodas y no vayas a contar por ahí lo que has leído que hasta el día 19 de octubre no sale a la venta”. Una chica más maja que las pesetas nos grababa con fruición, (si es que se puede grabar así), para dejar constancia del acto. Sinceramente, no sé si se apreciará en el vídeo pero a mí las manos me temblaban desde el minuto uno. Y no eran los nervios retenidos y poco disimulados que habían estado enclaustrados en mis tripas las últimas 48 horas, no. Era el miedo real y verídico a no saber si sería capaz de terminar de leer un libro en 9 horas…

Lo peor vino cuando los dos profesionales que nos acompañaban acabaron de leer sus copias en el preciso y exacto instante en que yo empezaba con el segundo párrafo del primer capítulo, (aproximadamente)…”¿Cómo era posible?” Lectura rápida me informaron. “¿Tan rápida? ¿Eso existe?” Sí, me volvieron a informar. Y ahí quedé. Con mis nervios y con mi “lista de cosas que tengo que hacer antes de reencarnarme en botijo cordobés” más crispados que la sede del PSOE.

El día siguió con comida a cargo de Alfaguara o Penguin o Megustaleer o todo junto y no sé cuántas cosas más. Comida agradable. Comentamos algunas primeras impresiones. Nos cortamos porque Paloma Castro nos acompañaba y porque todavía no habíamos bebido lo suficiente. Nos reímos. Había buen ambiente. Creo.

Café, cigarro, (para mí), y de nuevo a la trinchera. Finalizamos la lectura y todavía quedaban 3 horas para tachar el número 8 de la lista del botijo. Habrán comprendido a estas alturas que no podemos hablar del contenido del libro ¿Se nota?

Torero

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Y a eso de las 20:00 de la tarde, cuando alguna de mis hijas seguramente estarían sacando de todos los quicios posibles a su madre, sucedió que al atardecer “…y con fuerte viento de levante de 35 nudos…” que diría Trillo, se presentó mi número 8 resuelto y bragado. Vistiendo elegante traje azul sin corbata. Precedido de la superioridad que destilan los toreros muy corneados que se deciden a torear en plazas de segunda. Llegó escoltado por lo que parecía la Plana Mayor de algo importante en Alfaguara o Penguin o Megustaleer o todo junto y no sé cuántas cosas más.

Saludó, sonrió, se sentó y nos habló.

Nos preguntó por el libro, por nuestras impresiones. Y todo parecía excesivamente preparado. Te das cuenta que el que no está preparado eres tú cuando te relajas y dejas de clavar las uñas de los pies en la suela del zapato de los nervios de ver el trazo de la línea sobre el número 8 de tu lista. Hablaba rápido. Es muy ocurrente y no duda un instante o apenas se nota la duda. Es fugaz. Gesticula. No para de dibujar en el aire todo lo que dice. Te lo imaginas con gafas y micrófono. Con pitillo y sin pitillo.

Le pasa a uno, (a mí), lo que seguramente todos creen que les pasaría si pudiesen sentarse con Pérez-Reverte. Cualquier cosa que se te ocurre decir o preguntar te parece la mayor gilipollez del mundo. Temes que te tire tres diccionarios a la cabeza y que te corrija el artículo mal empleado, el adjetivo demasiado manido o el sustantivo de mierda que has utilizado porque eres un incapaz. Lo peor de todo es que sientes que te lo mereces. No pasa nada de eso pero sabes que te lo mereces. Estás delante de una de las mentes más lúcidas que hay en el panorama sideral y no dudas en considerarte culpable de no ser digno de hablar con él. Es exagerado claro. Pero esto es literatura. Resumido sin adornos: estar con Arturo Pérez-Reverte impresiona…y mucho.

El bar

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Comentamos el libro y sus aspectos más notables, posteriormente, los responsables de todo el tinglado empresarial, editorial y quince etcéteras más nos acompañaron al bar y a las cañas.

Estuvo bien. Muy bien. Todo muy preparado para que nada saliese preparado. Y creo sinceramente que no lo estaba porque precisamente así lo pareció. Charla más distendida. Cañas, croquetas, Rioja, qué se yo. Lo que harías con tu amigo, lo que beberías con tu primo, con tu novia, tu amante o tu futura ex mujer. Charlar, beber, reír y mirar el inexorable transcurrir del tiempo. Implacable y finito. En esas te encuentras cuando de reojo observas la entrada en el bar de Ángel Gabilondo, (podría haber entrado en la lista del botijo pero no se clasificó por poco); ¿Cómo estaría el abajo firmante para ignorar de plano a una persona tan inteligente, capaz y mesurada como Ángel Gabilondo? Pues eso, medio borracho de placer y alcohol, (las cañas de la tarde comenzaban a pasar factura).

Como vino se fue y como empezó terminó. Un día inolvidable con gente nueva a la que conocí y a los que espero poder seguir conociendo.

Gracias a quien corresponda por haber hecho posible que mi lista sea cada vez más corta e imposible de completar.

A Rita, Victoria, David, María, Pepe…un beso grande y gracias por las risas.

Nos vemos en la montaña.


NOTA_1: Que sí, que habrá crítica, pero no me dejan todavía.

NOTA_2: Don Arturo exigió que nos entregasen el final del libro, firmado.

NOTA_3: De Arturo Pérez-Reverte uno sólo puede aprender. Lo demás es impostura y envidia.

NOTA_4: Tal fue el ambiente de la lectura y el intenso día que tuvimos que incluso he mantenido la duda, (hasta hace unos horas), de las circunstancias y verdaderas intenciones de la presencia de uno de los 6. ¿Sería un topo enviado por la Editorial?…El 19 de octubre se publica una pedazo de cacho de trozo de novela. Avisados están…

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