Reseña. Falcó huele a cigarrillos, aceite de armas y hupa-hupa

F. Delano Roosevelt fue el Presidente número 32 de Estados Unidos, pariente de Theodore Roosevelt, (Presidente número 26); también fue quien pronunció la frase, (en relación al dictador nicaragüense Anastasio Somoza): “Puede que Somoza sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.

Porque para algunos presidentes estadounidenses puedes ser dictador, genocida, corrupto, pederasta, matador profesional de viejas y así quince etcéteras más; pero ser anticomunista es un eximente en cualquier juicio político y militar.

Lorenzo Falcó no es anticomunista y tampoco antifascista, no es un genocida. No pasa por pederasta y lo único que no ha debido hacer, (al menos en Falcó), es matar a viejas. Lo que sí es Lorenzo Falcó es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta.

Leí el libro hace ya algunas semanas, en un encuentro que tuvimos unos cuantos privilegiados en las oficinas de la editorial Alfaguara en Madrid. Prometimos no reseñar nada hasta la publicación oficial de la novela y aquí estamos. Cumpliendo. Dicho encuentro terminó con Arturo Pérez-Reverte haciéndonos preguntas, (y viceversa), sobre el libro. Desde entonces hasta ahora he podido sedimentar esa charla, la historia del libro, el personaje y en general la lectura. No pudimos llevarnos una copia, y siendo así, no he podido releer un libro que es de esos que (yo al menos) necesitas releer. No tanto por encontrar segundas lecturas enriquecedoras al más puro estilo Joseph Conrad, o detalles perdidos entre capítulos que uno sólo localiza con segundas y terceras lecturas como en El Conde de Montecristo. Quiero releer el libro porque quiero relamerme en la seguridad que tengo de que Lorenzo Falcó es ese hijo de puta al que se refería Roosevelt.

No se sentirá defraudado aquel que se aproxime por primera vez a Pérez-Reverte utilizando para ello a Falcó, aunque ese primerizo lector no pueda hacerse fiel reflejo del resto de su obra. Y según escribo lo anterior me rectifico y al mismo tiempo me niego a eliminar la frase cuando me pregunto ¿Qué libro es reflejo fiel de toda su obra? Ninguno. Es imposible hoy en día, (para mí por lo menos), encontrar un autor capaz de escribir “Maestro de esgrima”, “Capitán Alatriste”, “Cabo Trafalgar”, “La Reina del Sur” y en octubre de 2016, un “Falcó”: la historia de un espía en la España de los años 30. Ahí queda eso.

Para poner en valor esta nueva novela hay que repasar las plazas en las que ya ha toreado Pérez-Reverte. Tengo amigos mexicanos que me aseguran que el lenguaje y términos utilizados en “La Reina del Sur” son tan profundos y tan mexicanos que hasta a ellos mismos les cuesta identificar ciertos giros. Una buena amiga que hizo una tesis doctoral sobre Trafalgar, me decía hace ya algunos años que los detalles del libro “Cabo Trafalgar” requieren de un conocimiento y un estudio previo incalculable en cuanto a tiempo invertido y calidad del mismo, (algo que el propio autor me confesó durante la lectura de “Falcó” a la que antes me refería). Y tras todo esto llega “Falcó”, una novela protagonizada por un detective, o un espía, o un matón, o un miembro de los servicios secretos falangistas con una misión muy concreta: liberar a Jose Antonio Primo de Rivera de la cárcel de Alicante donde cumple condena. Agoniza el año 1936 y para el bando sublevado la guerra está terminando. Para la República todavía hay esperanza y la capital resiste. Madrid caerá pronto para unos o Madrid será eterna para otros. Desde Salamanca, (luego será Burgos), se toman las decisiones que mueven una guerra y el destino de Lorenzo Falcó, todo al mismo tiempo. Un Falcó que es pieza clave de Falange Española hoy y quién sabe qué o para quién lo será mañana. A Falcó se le retrata rápido. El texto del libro es cortante. Diálogos afilados y frases cortas, contundentes. Es sibarita, de gustos caros para la época y con vicios fijos hace tiempo adquiridos y cosidos en el tuétano. Con un pasado como traficante de casi todo, bien relacionado con el ejército blanco durante la “Guerra Civil Rusa”.

¿Se hacen una idea? Pues no es nada comparado con la realidad.

El malo

Mucho cuidado con el malo de “Falcó”. Es un malo por definición, de esos que deseas ver morir en cuanto lees dos líneas sobre su personalidad. Al llegar a la parte en la que se identifica a este personaje, enseguida caí en la cuenta de lo verosímil de todo. Pérez-Reverte nos confirmó durante la charla que está basado en un personaje real. Posteriormente pude buscar información y entonces sí, caí en la cuenta. Para mí es la antítesis de Falcó. El malo perfecto. No quiero desvelar nada pero le deja a uno un sabor de boca compatible con la que debe tener quien desea la muerte del vecino.

La mujer

También hay mujer, claro. Una mujer dura e importante, (como todas las que dibuja Arturo Pérez-Reverte en sus novelas); una coprotagonista que acompaña al lector y le permite respirar de vez en cuando. Y es que cuando el foco del libro cambia a Eva Rengel, la parada se convierte en una especie de oasis y zona de descanso donde uno reposa y se recupera tras acompañar al incansable Falcó.

NOTA: Recuerden las líneas anteriores cuando lean la parte en la que Falcó interroga a un individuo maniatado a una silla…

Recupera y reposa, pero poco. Porque Eva Rengel es un personaje de una novela de Arturo Pérez-Reverte. ¿Se hacen una idea? Pues no es nada comparado con la realidad.

El Almirante

También encontré en el Almirante, (el superior inmediato de Falcó), un personaje entrañable. Es curioso lo mucho que se le ignora al principio y lo necesario que se vuelve a lo largo de la lectura. Al final de la novela, (al menos para mí), se convierte en EL PERSONAJE del libro, amén de Falcó. Gallego, espigado y como dice el dicho: “con más mili que el palo de la bandera”. No quiero desvelar más sobre lo característico del personaje, lean y disfruten de él pero…¿Se hacen una idea? Pues lo dicho…

Dos momentos

Hay dos momentos de la novela que dibujan a Lorenzo Falcó como ese cabrón al que quieres y respetas. Los detalles que acompañan al personaje le sobran a lector (avezado o primerizo), para hacerse la idea perfecta de la personalidad de alguien que (estoy seguro) nos seguirá acompañando en nuevas entregas. Uno de ellos detalles es la eficacia de Pérez-Reverte al hacerte olvidar que la trama transcurre durante la Guerra Civil. Te olvidas de las motivaciones que la provocaron, su evolución y su significado. El libro no habla sobre la Guerra Civil, aunque todo esté inevitablemente conectado. No hay buenos ni malos, ganadores ni perdedores, rojos o azules. Hay Falcó. No hay más. Él se lo lleva todo.

Otro momento que no he podido olvidar es el olor a “aceite de armas”. Así describe a dos soldados en uno de los pasajes del libro. Y uno sabe que ese olor pertenece al autor. Lo ha olido, masticado y probado durante sus veinte años de profesión periodística en innumerables guerras y conflictos armados. “Aceite de armas”. Los que hemos tenido algún contacto con las armas sabemos e identificamos ese olor. Pistolas, armas largas e incluso escopetas de caza, (aunque en este último caso los matices cambien), pero en pistolas o fusiles ese olor es inconfundible cuando desmontas la herramienta, la engrasas, la vuelves a montar, la disparas…es ese olor.

Sólo le veo un problema a Falcó. Se hace excesiva y necesariamente corta. Muy corta. Y querrán leer más porque es una novela honesta. Muy bien escrita y descrita. Se disfruta desde la primera página hasta el final, (¡Gran final!). Entretiene mucho.

Este es otro Pérez-Reverte y ya van unos cuántos. ¿Quién da más? ¿Qué autor es capaz de transformar una novela en un olor?

Falcó, nuestro hijo de puta, huele a “aceite de armas”, cigarrillos y hupa-hupa…

 

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